jueves, 21 de febrero de 2008

cansado del camino

Y esa fue la última vez que lo hice. La verdad es que no sabía hasta que punto podría haber llegado si no tomaba una decisión en ese momento. Así que decidí irme. Sin más excusa que ir por cigarros, bajé del quinto piso de un edificio en una zona residencial con dirección a mi casa, cerca ya de la media noche. Las personas que estaban en ese momento en el departamento de verdad no querían que me vaya ya que yo era el único que podía conseguirles la justificación para seguir reunidos: cocaína. Y la verdad es que en ese momento, bajando las escaleras, dudé en irme, pero al fin lo hice. Pensando todos que regresaría, tiempo después me enteré, me esperaron más de lo que se espera normalmente a una persona que sale por cigarros. Caminé rápido sin detenerme hasta llegar a mi casa como a veinte minutos de distancia desde donde estaba. Mi madre abrió la puerta un tanto extrañada de mi vuelta a casa tan temprano. Me miraba como preguntándose por qué había llegado tan temprano y no a las cinco o seis de la mañana como acostumbraba, y para su confusión, no tan drogado como de costumbre. Entré, subí las escaleras y me interné en mi habitación. Sin cambiarme la ropa me quedé mirando el techo. Pensando. Con el corazón a mil por hora ya que casi corrí de regreso a casa. Necesitaba estar seguro, necesitaba alejarme de ese mundo que me absorbía cada vez que quería. Necesitaba descansar de la gran juerga de siete años en la que me había visto envuelto sin querer. Así que, acostado en mi cama, mirando el techo sin poder dormir y sudando coca por todos los poros de mi cuerpo, decidí dejarlo todo. Hoy fue la última vez, pensé. Algunos días antes, había tenido una crisis en consumo, de esas que te hacen llorar y decir cojudeces que en realidad no quieres decir pero sabes que en algún momento necesitas comunicar. Y es que estaba tan drogado, tan duro, tan sucio por fuera, por dentro, que quise limpiarme, así que llegué a las once y media de la mañana a casa de mi hermana, vestido de negro, despeinado y con mas de ocho gramos de cocaína pura en la nariz, a decirle que quería internarme. La sorpresa de mi familia en ese momento, ante la situación (tenemos un drogadicto en la familia), fue tomar las cosas lo mas tranquilos posible, ya que el de la crisis fui yo, y dejar pasar el tiempo. Así que yo también prometí un cambio.
Desde ese día empecé a despertarme temprano, a preparar el desayuno, tal vez a cocinar para el almuerzo, hasta pensaba en estudiar o en trabajar. Salía a correr en la cancha de golf con mi hermano mayor, iba al gimnasio del club corriendo y regresaba fumándome un cigarro. Y así estuve alrededor de dos semanas, hasta una reunión en casa de mi hermana. Empecé a beber alcohol desde temprano, y ya medio ebrio, me fui a casa con mi madre. Esperé en la puerta a alguien que nunca llegó. Lo único que me dijo cuando hable con ella fue que era un inseguro de mierda, que no sabía lo que quería. Pero tenía razón ya que no todo había sido drogas en mi vida. También quise mucho, también estudié, también hice deporte, también tuve verdaderos amigos. Pero todo lo perdí. La confianza de mi familia, mi ropa, mis zapatillas, mis guitarras, mis gorras, mis billeteras, mi documento de identidad, mi plata y muchas cosas más que demoraría en describir.

Cuando ya no tienes nada, cuando ya se acabaron las mentiras, cuando toda la gente que te mira sabe que estás metido en cosas raras, cuando tus amigos ya no te llaman ni te van a ver, cuando ya no sabes qué decir y ya no tienes a quién culpar es cuando quieres hacer algo por retroceder el tiempo, para que todo vuelva a ser como antes, como cuando (por qué no decirlo) no consumías. Una vez me dijeron que había un elefante rosado en mi sala pero no había querido verlo.
Las cosas empezaban a verse de color negro. Primero fue mi ropa y mis uñas, luego la mirada de mi madre, mis hermanos, mis amigos, hasta que iba reduciéndome, empecé a vivir en un rincón a blanco y negro el cual todos querían pintar pero yo me negué tantas veces.
La mañana del martes, regresé del gimnasio, tomé un baño y mi madre, muy tranquila me pidió ir a tomar desayuno a casa de mi hermano. Tomamos un taxi y llegamos. En su casa, se encontraba mi hermana, mi hermano, sus esposos y mi madre. No había desayuno así que me senté en la sala a esperar, según yo, un rato hasta salir a comer algo por ahí. Mi hermano mayor tomó la palabra: Estamos todos reunidos porque así como tú tomaste una decisión, nosotros hemos pensado apoyarte, quiero que sepas que todo esto es por tu bien y creo que tú lo sabes bien. Queremos que te internes en una casa de rehabilitación. Miré a todos, y todos me miraban como esperando yo de ellos y ellos de mí una reacción que no fuera la que se esperaba. Está bien, dije, ¿cuándo?, para sorpresa de todos. De hecho, lo primero en lo que pensé fue en despedirme de todos los amigos que me quedaban, o al menos llamar a esa persona importante y decirle chausito, ya nos vemos, me voy de viaje. O al menos ir a alguna bodega, tomarme una bebida, fumarme un par de cigarros y regresar a mi casa; alistar mis cosas, lavarme los dientes, almorzar de repente y luego irme a internar un par de meses. Queremos que te internes en este momento, así como estás. Entonces sentí en mi pecho algo raro, algo así como cuando quieres gritar en un lugar donde nadie puede gritar. Quise tirarme por la ventana, quise regresar el tiempo atrás, quise mirar a los ojos a todos y decirles cuánto los amaba, cuánto quería pedirles perdón por todo, pero no lo hice. Pensé en ir a fumarme un cigarro, pero por no dejarme ir, por temor a que me vaya, me dieron uno ahí en la sala. Luego salimos del edificio, y esa fue la última vez que vi a mi madre en poco menos de un año. De pie en la ventana del tercer piso haciéndome adiós, ¡fuerza! Me decía con los ojos llorosos. Y yo… ni cuenta me había dado de que ya estaba fuera de la ciudad en el auto de mi hermano, tomando las cosas con la calma de un hombre que se deja llevar, un hombre cansado, un hombre con ganas de otro estilo de vida, otra vida, con ganas de un dios, cualquiera que sea, un hombre golpeado por la droga y el alcohol, las pastillas, la madrugada, las calles, las malas amistades. Eso es lo que era. Y así me fui del mundo a otro lugar. Avanzaba por la autopista no pensando, más bien, queriendo no pensar. Respondiendo con un atento sí, a todo lo que me decían. Mis hermanos se esforzaban por ser fuertes y yo me esforzaba por no luchar más. Ya no quería más de esa miseria. Y estaba dispuesto. Aunque el cambio de ubicación fue brusco ya que no sabía ni donde estaba llegamos cerca de la playa a una casa grande de paredes no tan altas pintadas de blanco. Un portón viejo me dio la bienvenida. Desde fuera de la casa se veía el mar. Y lo primero que pude ver fue a alguien que conocía desde hace mucho tiempo. Un amigo de juergas interminables al cual no veía desde algunos meses atrás estaba fumándose un cigarro sentado en una piedra grande a la entrada de la casa de rehabilitación. Cabezón, me dijo; ¿te quedas? Le sonreí. Creo que sí, le dije y crucé la puerta.


(kesta historia termine como ustedes kieran.

solo dejo un pekeño mensaje:

para ke pasar por todo esto...

no uses drogas)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Te quiero mucho, eres un ejemplo de fortaleza, de lucha, de amor a la vida no sólo para mi sino para todos los que te amamos; la guerra continúa y estoy segura que como siempre serás el gran ganador. Camina con la frente en alto y continua llevando este testimonio de vida a todos los que lo necesitan, ellos te lo agradecerán y Dios te premiará.
Estoy muy orgullosa de TI...Maria Cenely

Anónimo dijo...

Hermano:

Recuerdo muchas veces escribiéndote o llamándote la atención, como si fuera tu viejo...pero ser tu hermano mayor implicaba eso y mucho más; más aún cuando no estaba el viejo y nuestra mamá solo era una señora vencida por la angustia y el dolor de tener una bomba de tiempo conviviendo las 24 horas del día pegada a ella...gracias a la maldita droga.

Acabo de leer tu testimonio y no me deja nada más que un gran ejemplo de valentia, de amor, de amor propio, de tener huevos para pedir ayuda, no sé, si en el momento justo, pero llegó cuando más lo necesitabamos.

En algún momento hasta pensé en no hablarte, no saludarte y dije ¡que se joda! pero siempre supe lo bueno que eres, sensible, cariñoso, inteligente, simpático, etc pero estabas enfermo, habías perdido el control de ti mismo y no había nada ni nadie que te ayude más que tú mismo, y así fué.

Siempre me sentí orgulloso de tí, y ahora mucho más al saber que eres tú en todo tu esplendor, y que brillas con luz propia, camina con la frente en alto y nunca olvides lo que pasó porque te servirá para poner los pies en la tierra y ayudar a personas que están en el camino equivocado.

Te quiero mucho hermano,

Marcos

Anónimo dijo...

muxa kosas pasan y pasan ,afectan... pero las dejo pasar
sonó bonito, pero es cruel aveces kuando estoy sola
luchando kontra mi
es tan fuerte k aveces parece vencerme, es solo ese sentimiento k hoy no lo veo muy claro
k me mantiene en kombate
pero x k ir kontra mi
si el pasado m hizo daño,hoy levanto
la leccion de mis confeciones.

me presiono y me presiono
eso no¡¡... eso tampoko¡¡¡¡
y kedo inmovil ..
tengo manos llenas de amor
tengo tentaculos kon los k me presiono hasta asfixiarme
tengo garras kon las k hiero(SIN KERER KERIENDO)
y tengo tantas k nose kual utilizar en momentos
y lo bonito de esto? donde kedo?,
parte de mis fantasias y sueños


esto no va konmigo....
libertad k no me permito
xk no soy yo
y kiero serlo...pero entonces me dejo llevar x mi y resbalo
los dias amanecen radiantes, soy parte de la hermosura en este jardin
pero no dura .. y depronto estoy marchita...GAU

SOLO UN DESFOGUE

Anónimo dijo...

"El pez no es conciente de lo que esta encima del mar hasta que lo sacan del agua" Si no tropiezas, no maduras. Si el capitan de un barco navega siempre por mares calmos nunca llegara a ser un notable capitan, como aquel que lucho contra tempestades y furiosas marejadas.Me alegra sobremanera ser tu hermano y me siento orgulloso de semejante logro como derrotar a las drogas desicidamente. Martin.